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Los signos de la época que está por venir: el trabajo remoto, beneficio u obligación.

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Estamos ante la presencia de un cambio social que durará mucho tiempo. Cuanto más me informo al respecto, más me convenzo de que no volveremos a ser y vivir como lo hacíamos hasta hace tan solo unos meses atrás.

No volveremos a usar el transporte público como antes, salir a hacer compras no implicará la misma experiencia, los medios de comunicación digitales serán exigidos al máximo y la calidad, hasta ahora aceptable (de sonido y video), no lo será en un futuro cercano. Seguramente nos miremos con desconfianza al momento de toser o estornudar, y llegar a darse un beso apasionado con una persona que nos gusta pero estamos recién conociendo, al menos, comprenderá un tiempo más de duda. La gente revalorizará el tiempo compartido con los seres queridos y tendrá la oportunidad de resignificar aquellas profesiones que, hasta hace poco, nos resultaban un poco indiferentes o dábamos por sentado, como el transporte público o de cargas. Ni hablar de los servicios de insumos más vitales, como los necesarios en los hospitales. Las ocupaciones y las comunicaciones también cambiarán radicalmente.

El arribo a la conclusión y/o el descubrimiento de la necesidad de que se realicen ciertas tareas y actividades de manera presencial perderá fundamentos reales, en el caso de que las mismas no requieran de la presencia física y siempre que sean viables de realizarse, sin mayores consecuencias, de manera remota.

Los que estamos en IT hace tiempo nos dimos cuenta que en la mayoría de los casos, a menos que se trate de una necesidad o elección propia, la obligatoria presencia en una oficina para cumplir eficientemente ciertas tareas perdió sus otrora fundamentos sólidos. Hoy en día, en tiempos de cuarentena, nos adaptamos a realizar funciones de manera remota (algunas de las que, quizás, puedan resultar más efectivas en su modalidad presencial, como algunas reuniones).

Ingresaremos en una época donde realizaremos pruebas de stress muy exigentes sobre y para las formas y métodos de comunicación. Tendremos que ser mejores, sin duda, ya que esta ventaja supone también alcanzar lazos de confianza y vínculos con gente que veremos la mayor parte del tiempo a través de una videollamada o de un simple chat de alguna herramienta que nos resulte cómoda.

Desde hace un tiempo, la demanda del mercado IT genera ofertas, que brindan la posibilidad de trabajar desde casa (Home Office). Este beneficio, sin embargo, suele ser accesible luego de algunos meses de antigüedad. Poco antes, ésto podría haber resultado un atractivo para las personas interesadas en acceder a dicha posición. Sin embargo, al día de hoy, creo que debería ser, al menos, revisada esta intención, para comprender si, en el contexto de la pandemia, hablamos de un beneficio, una necesidad o un nuevo derecho para los trabajadores. Este cambio de paradigma obliga a un cambio de conciencia sobre los tiempos venideros y, en efecto, la construcción de una mirada sobre una situación que nos proporciona una nueva forma de ser solidarios con el prójimo.

El trabajo remoto, para la gente que lo pueda o quiera realizar, debería ser la opción de facto y no una posibilidad de beneficio. Esta es una afirmación quizás muy fuerte, pero tiene un fundamento social igualmente fuerte.

Hay quien no puede realizar sus tareas de manera remota ya que, debido al carácter de las mismas, debe estar presente en el lugar de trabajo (un ladrillo no se coloca por videoconferencia). Hoy en día, salir del hogar no solo implica un riesgo para esa persona, sino para quienes conviven y trabajan con ella. Entonces me cuestiono la necesidad o el deber, entre quienes tenemos la posibilidad de trabajar desde casa, de asistir a una oficina a realizar nuestras actividades y, con ello, provocar y acentuar una situación de riesgo innecesariamente.

Esto no resulta displicente, sin desafíos. También implica que debemos ser responsables de nuestro tiempo y ser mejores trabajadores desde nuestro hogar que estando en la oficina, para demostrar que los cambios de época abren camino también a mayor libertad y a posturas más solidarias, como la concurrencia en el transporte público.

Con este simple cambio de paradigma aparecen soluciones de fácil acceso a problemas que existían previamente a la pandemia. Como mencionaba en el párrafo anterior, más allá de no arriesgar a los otros ni arriesgarnos nosotros por estar en cercanía, con el apalancamiento de este cambio se aportaría una mejora significativa a las condiciones en las que viajamos usando el transporte público. Condiciones que, a medida que pasaron los años, fueron empeorando hasta llegar, en algunos momentos de la jornada, a ser paupérrimas.

La búsqueda de soluciones desde distintas propuestas siempre buscó sumar/mejorar/adecuar el transporte de uso público. Esto es un enfoque que simplemente no obtuvo resultados, que realmente logren la satisfacción de los consumidores. ¿Por qué no usarlo cuando es realmente necesario? Invertir la carga en la búsqueda de la solución a este problema es la posible respuesta que siempre estuvo delante nuestro como sociedad, pero que, como muchas veces nos pasa en la vida cotidiana, no vimos.

Existen además otros beneficios subyacentes sobre la disminución del uso del transporte, ya sea público o propio, como ser la reducción de contaminación que se produciría en varios aspectos o la reducción de gastos innecesarios por el simple hecho de estar en casa. Está hecha la invitación a pensar sobre esta situación.

Por solidaridad, incluso por temas ambientales, de costos y calidad de vida, creo en este enfoque, para la gente que puede hacerlo. El trabajo remoto llegó para quedarse y debemos, en buena medida, aceptarlo, no ya como un beneficio sino como una situación laboral normal.