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¿Cómo es llegar a una organización horizontal?

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Hace algunas semanas aterricé en esta organización diferente a todas, para hacer un trabajo distinto al de la totalidad de sus integrantes. Llevaba un par de años sabiendo de dicha empresa por su forma de organizarse internamente, su cultura y sus valores. Eso desde afuera me sonaba como ir a Disney cuando era niña (bueno, al final nunca fui, no sé si sería buen ejemplo).

La primera gran barrera de entrada para mí era que son en su mayoría programadoras y programadores y… ¿yo qué podría aportar ahí? Pero bueno, la magia sucedió y hoy escribo este primer post del lado de adentro.

Llevaba ya un tiempo en contacto por diferentes temas con un par de sus integrantes, por lo que más o menos podía imaginarme con qué me iba a encontrar, pero creanme que lo que pasó desbordó por mucho las expectativas que tenía.

En general, cuando escuchamos esto de las empresas sin jefes y que las decisiones se toman con participación igualitaria y cuya auto organización abarca todas las tareas que se deben tener en cuenta para funcionar… es difícil de creer. Cuando lo contamos a personas que vienen de realidades muy diferentes, con organizaciones muy jerárquicas o con áreas muy distribuídas (y a veces muy desconectadas), genera desconfianza. La mayoría se hace preguntas como “¿pero dónde está la trampa?”. No la hay. Funciona.

Voy a contarles algunas cosas que pasaron durante esta época de inducción, de aterrizaje, de descubrimiento…

Para empezar, los temas de logística habituales a los que se enfrentan muchas empresas cuando alguien está por entrar: ¿Tenemos compu? ¿Tiene instalado lo necesario? ¿Tiene usuario creado? ¿Le dieron permisos? ¿Dónde se va a sentar? (E imaginen todo esto agravado por un contexto de pandemia y cuarentena, en que las chances de que algo salga mal son aún mayores). Les cuento un secreto: hace casi 25 años que trabajo en empresas de diferente rubro… es la primera vez que tuve TODO disponible mi primer día de trabajo.

Me pasó que la semana antes de mi primer día comenzaron a consultarme por el tipo de equipo que necesitaba, sistema operativo y otras cosas. El viernes previo a ese primer día de trabajo, una pina (Así es como se denominan las personas integrantes de la empresa) organizó una tremenda logística para que una persona pasara a buscar mi futura compu por la casa de alguien y la trajera a la mía. En el camino hubo calles cortadas, confirmaciones de direcciones y datos de matrícula de taxi, entre otras cosas, que hicieron que la prueba se superara de forma exitosa solamente porque había una persona auténticamente ocupada y preocupada en que esto ocurriera.

Luego llegó ese gran primer día. Claro que sin ir a una oficina física donde alguien me reciba, para mí era medio raro. A las 10am en punto me conecté a un link previamente acordado y fue como entrar en un jardín escondido. Había varias personas esperando mi llegada, todos sabían de mí y sabían qué iba a hacer. Tenían una agenda de onboarding organizada con detalles increíbles.

Para empezar, hubo una charla de introducción entre todas esas personas, que fueron de alguna forma anfitriones de la bienvenida y me acompañaron durante todo el día.

Para seguir, nos conectamos a una aplicación que simula de forma gráfica las instalaciones de la oficina: hall de entrada, islas de escritorios, salas de reuniones, cocina, etc. Yo que conocía las oficinas desde antes, sentí de verdad como que iba atravesando esa puerta acompañada de mis anfitriones.

Lo que ocurrió después lo voy a guardar en mi corazón como uno de los mejores primeros días de trabajo de mi vida. En las diferentes partes de esta oficina virtual había personas de cada proyecto para darme la bienvenida, presentarse y contarme lo que hacen. Quizás contado en palabras escritas no llego a transmitir lo que sentí en ese momento, porque vi y escuché a personas realmente emocionadas por recibirme, participando de ese momento no porque un protocolo lo indique sino porque lo estaban disfrutando y eso, lo juro, fue hermoso.

Posteriormente volvimos, junto a mis anfitriones, a nuestra reunión privada donde recorrimos un manual de introducción a la organización. No me lo mandaron por mail para que lo lea solita, no es un bodoque desactualizado con procedimientos de cosas que quizás nunca iba a usar. No. Es de verdad un manual de cosas útiles para tener de referencia, actualizado y bien pensado para alguien que recién ingresa. Y lo recorrimos en equipo para aprovechar el momento y hacer preguntas, dar feedback y todos los comentarios o dudas que me surgieran de primera mano.

Seguimos a continuación con aspectos administrativos, para lo cual habían dos personas con todo listo y una buena predisposición tan gigante que conmueve. Personas de administración con las que realmente se siente que se puede contar ante cualquier duda o dificultad. No por un tema de amistad, ni porque yo requiriera un trato especial, sino porque son personas que hacen las cosas poniendo el corazón, empatizando. Siendo humanos, en pocas palabras. Parece algo básico escrito así… pero prometo que es un valor muy especial que no tienen todas las organizaciones.

Y el día no había terminado, al final se me sumó nuevamente una de aquellas primeras anfitrionas para explicarme otra de las tareas habituales que llevan adelante cada día.

Ese primer día quedé agotada. Por la cantidad de información, por la cantidad de personas nuevas que había conocido y por la cantidad de nuevos frentes que se me habían abierto. Pero también por haber sentido un flash de cámara tamaño universo al ver en primera persona cómo gira esa gran rueda de la horizontalidad.

Los siguientes días no fueron menos emocionantes. Diferentes personas se me acercaban (por Slack, claro) para complementar alguna información que había quedado pendiente, pedirme datos para algunos registros, sumarme a canales de Slack, proponerme actividades de integración, saber si tenía dudas o, incluso, para saber simplemente cómo estaba. ¿Parece menor? No lo es…

Llegó el primer viernes y participé de la primera standup general. Ese día todos se conectan para compartir cómo fue su semana en los diferentes grupos de trabajo. Es algo muy cortito y que a la vez aporta un montón. Existe una presentación de base donde cada grupo completa un slide con su información de esa semana… me quedo corta de palabras para contarles las cosas que logran con una sola slide. El esfuerzo de diseño y creatividad para contar en un minuto su semana, marcando algo bueno y algo desafiante y algo gracioso.

Bueno, sí, sentí vértigo ese primer viernes. Por un momento sentí que no iba a poder hacerlo así de ágil el siguiente viernes… y después vi cómo disfrutan el momento y aprovechan lo que cada quien tiene para aportar, sea mucho o poco. Una catarata de chats que corren en paralelo durante la presentación marcan una identidad particular de este evento y le aportan un calor humano increíble. Todo eso hizo que se me derritieran los miedos al terminar la primera standup.

Durante las siguientes semanas me fui metiendo en cosas tales como las clases de inglés, un amigo invisible para cumpleaños, canales de género, canales de mascotas. Muchas cosas que me hacen sentir menos aislada y más en contacto con este nuevo universo que elegí descubrir.

En paralelo, el trabajo, claro. Rodeada de personas dispuestas a apoyar y contribuir con el avance de las tareas. Dando feedback constantemente. Disponibles para conversar cuanto sea necesario respecto a cómo hacer las cosas, qué se entiende como bueno, qué se puede mejorar, qué se espera. Dando espacio real para ideas y visiones diferentes. Haciéndome sentir que estoy aportando con mi llegada, dándome espacio para desarrollarme tanto cuanto quiera.

El feedback constante, señores y señoras… es un gran diferencial ,desde mi punto de vista, de esta organización. Todo el mundo necesita tener una devolución externa de lo que está haciendo. No para cambiar, necesariamente, pero al menos para saber cómo lo ven desde afuera y, con suerte, llevarse algunas ideas que sumen.

Desde mi punto de vista, para dar y recibir feedback constante es necesario estar en un ambiente que se pueda sentir como seguro. Tener las barreras defensivas bajas para poder darlo y tomarlo de una forma sana y productiva, sin pensar que puedan haber intenciones ocultas al decirlo.

Mi conclusión de estas primeras semanas de trabajo en 10Pines es que, cuando las personas hacen las cosas porque quieren, porque tienen un propósito claro en lo que hacen (en vez de tener que cumplir una orden o una política organizacional que no siempre comparten), todo sale mejor.

Ver a otras personas ocuparse de temas que afectan al resto, motiva mucho a hacerlo también. Es responsabilidad compartida. Sentir que cuando no hago algo posiblemente estoy perjudicando a un compañero o compañera, no a una organización sin cara definida. Sentir también que los buenos logros se alcanzan con el esfuerzo de todo el equipo. Todo esto contribuye a que nos sintamos parte, que hagamos las cosas con ganas y no por obligación, que nuestro día a día, así como el resultado, sea mejor.

Durante estos primeros días no fue necesario contar con personas expertas en recursos humanos. Me acompañaron programadores y programadoras con muchas ganas de hacer las cosas bien, con la preocupación de que “el nuevo/la nueva” se sientan tan felices de estar ahí como yo me estoy sintiendo ahora.

Si después de leer esta experiencia todavía te quedan dudas… preguntame lo que quieras. Organizaciones horizontales, organizaciones auto organizadas, organizaciones con propósito, organizaciones sin jefe… funcionan.


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