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Y las programadoras, ¿dónde están?

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En mi primera semana en 10Pines, un colega me preguntó por qué somos menos mujeres las que elegimos estudiar ciencias de la computación ahora que en los 70’s u 80’s. No supe qué decir. Honestamente, tampoco estaba segura de por qué había elegido estudiar sistemas. Pero desde entonces no puedo parar de pensar en eso.

La diferencia entre la cantidad de hombres y mujeres que deciden comenzar una carrera en ciencias de la computación no es algo que pasa desapercibido...

¿Por qué una mujer elige una carrera como desarrollo de software mientras que otra ni siquiera lo considera?

Un poco de historia

No siempre hubo falta de mujeres en nuestra industria. ¿Sabían que la primera persona en desarrollar software fue una mujer? Su nombre es Ada Lovelace, una matemática y escritora inglesa que, en el siglo XIX, creó un algoritmo para la máquina analítica de Babbage, que computaba números de Bernoulli. Se considera que este fue el primer algoritmo publicado, creado específicamente para implementarse en una computadora. Mucho más tarde surgió el lenguaje de programación ADA, creado y bautizado en su honor.

En los años 40s, durante la 2da guerra mundial, muchas mujeres fueron contratadas por los militares para resolver cálculos que mejorarían la precisión de las armas. Ellas comenzaron a ser no solo usuarias sino también programadoras de las computadoras.

Grace Hopper, una Almirante de la Marina de los EEUU, fue una de las primeras programadoras de la Harvard Mark I y la inventora de uno de los primeros compiladores. Ella creía que era posible desarrollar un lenguaje de programación basado en el idioma inglés. Su compilador convertía términos del inglés en código binario comprensible por computadoras. Sus ideas llevaron al desarrollo de lenguajes de programación como MATH MATIC, FLOW MATIC y COBOL.

De allí en adelante, el desarrollo de software fue considerado un “trabajo de mujeres”, ya que -se creía- no requería demasiada inteligencia. Los hombres, por otro lado, se especializaban en hardware. Es por eso que, durante los 70’s y 80’s, la cantidad de mujeres inscritas en carreras como ciencias de la computación estuvo en su auge.

No fue hasta la fiebre del oro en Silicon Valley, producto del progreso en el desarrollo de software durante los 80’s, cuando los hombres empezaron a enfocarse en desarrollo de software. Surgieron entonces nombres como Bill Gates o Steve Jobs, quienes “saltaron” a la fama con sus innovadores sistemas operativos, convirtiéndose en “héroes”.

Y claro, la cultura pop se subió a esa oleada inmediatamente:

  • Las empresas promocionaron sus videojuegos como juguetes, categorizados por género (como siguen siendo clasificados) y las jugueterías decidieron ubicarlos en la sección de varones.
  • Las publicidades siempre mostraban a los hombres usando las computadoras o a sus padres enseñándoles a usarlas, mientras que las mujeres eran estigmatizadas en el rol de amas de casa, al fondo de la escena retratada, o como muchachas atractivas que posaban cerca de la novedad para tentar a los chicos a usar el producto.
  • Las películas, series y revistas ayudaron a difundir la idea del estereotipo nerd masculino. Las mujeres rara vez se mostraban como intelectuales y cuando lo hacían, eran representadas como tímidas y alejadas del estándar de belleza.
1977, Texas Instruments Advertising
1981, Interlude: The Ultimate Experience
1977, Byte Magazine Advertising for the Apple II

Tanto dentro como fuera de la industria, la gente comenzó a creer que las computadoras eran el terreno de un grupo reducido de hombres incapaces de socializar con mujeres. Se llegó al punto en que las empresas usaron ese mismo estereotipo como excusa para dejar de contratar mujeres en el área tecnológica.

Entonces, ¿cómo es que todo esto contribuyó a la manera en la que actualmente las mujeres ven a las desarrolladoras y los desarrolladores de software?

En mi caso, incluso teniendo mucha curiosidad sobre cómo funciona una computadora, nunca había pensado ser desarrolladora de software hasta que mi prima, que estaba en ese momento estudiando para serlo, me animó a seguir sus pasos. No estaba segura si era la carrera adecuada para mí y cada vez que le mencionaba esa posibilidad a otras personas, muchas dudaban sobre cuánto aguantaría ya que, según ellas, las computadoras no eran “lo mío” y que debía tener en cuenta que estaría rodeada de “nerds”. Como me encanta demostrar que la gente está equivocada, no le presté mucha atención a estos consejos.

Lamentablemente, esto no es lo que pasa con la mayoría de las chicas. El desánimo desde sus pares, sumado a información de dudosa procedencia y la creencia de que no serán tan buenas para esta carrera específica, las aleja de la profesión.

Qué opinan ellas

Me interesaba saber qué pensaban mis colegas desarrolladoras sobre esto, quiero decir, sobre cómo nos percibe el resto de las mujeres y qué ideas tienen sobre lo que constituye nuestro trabajo. Así que decidí tomar cartas en el asunto.

Para esto, llevé a cabo dos encuestas: una para mujeres recibidas o con la carrera de ciencias de la computación en progreso, y otra para graduadas o estudiantes de alguna carrera relacionada a otra industria.

Para el primer caso, respondieron 30 desarrolladoras argentinas (compañeras de trabajo, de curso y colegas) en el rango de 21 a 35 años.

El resultado fue esclarecedor...

Respuestas de mujeres sobre si conocían a una desarrolladora o a un desarrollador antes de estudiar ciencias de la computación.

Como era de esperarse, la mayoría (86%) no fue a un colegio técnico y sólo el 25% conocía previamente a otra desarrolladora. La mayoría piensa que la carrera exige inteligencia superior a la media  y destreza en matemáticas, y que los hombres en particular son introvertidos y les resulta más fácil cursar. De todas formas, después de un tiempo descubrieron que esto no es tan así: hay personas a las que les fue más sencillo y otras que necesitan esforzarse más. En cualquier caso, esto no está relacionado al género.

Y no era que los chicos fuesen más inteligentes, sino que tenían más confianza en etapas iniciales.

Lo que sí me resultó inesperado es que cerca del 70% respondió que usaba mucho las computadoras desde chica y que la tecnología siempre las había atraído.

Si bien fueron pocas, algunas de ellas ingresaron en la programación, desde chicas, influenciadas por algún familiar que ya trabajaba en la industria. Otras tenían amigas estudiando sobre el tema y les despertó interés al ver de qué se trataba. La mayoría habían sido alentadas a seguir una carrera en ingeniería o relacionada con computadoras desde temprana edad. “Cuando era chica, siempre estaba usando la compu en casa” o “Me interesan las computadoras desde muy chica” fueron algunas respuestas recurrentes.

Por otro lado, las mujeres que no eligieron una carrera relacionada a ciencias de la computación, tampoco habían asistido a colegios técnicos, y el 56% dijo que sabían de qué trataba el desarrollo de software. Aunque, a la hora de explicarlo, la mayoría expresó que el oficio está intrínsecamente relacionado con números, algoritmos, bases de datos o reparación de computadoras.

Solo un 12%, de las que finalmente no eligieron este camino, pensó en ser desarrolladora. El resto cree que no les gustaría, ya sea por no ser muy buenas con los números, no sentirse muy a gusto con la tecnología o creer que es demasiado complicado y no son lo suficientemente inteligentes. De acuerdo con sus respuestas, en su momento fueron alentadas a continuar con sus estudios y tener una formación académica pero sin establecer una carrera en particular.

Entonces… ¿dónde están?

Después de leer y debatir sobre el asunto, llegué a la conclusión de que no hay una única razón para explicar por qué las mujeres no tienden a elegir este tipo de carreras.

El sexismo es definitivamente una de las causas. Desde niñas, nos enseñan que el género no solo nos define, sino que define ciertas carreras que las mujeres “deberían” seguir: Las relacionadas a computadoras no forman parte de esa lista, por lo que es difícil que al momento de ejercer la opción la veamos como tal.

Además, hay poca información sobre qué hace una desarrolladora de software y tener una idea errada sobre la profesión puede alejar a otras mujeres de este campo.

Otra causa podría ser que en general se piensa que es una actividad muy exigente y que se necesita de una mente brillante. Muchas creen no estar a la altura.

Sumado a esto, la autoestima es una influencia importante para todo lo nombrado. En mi experiencia, y al contrario de los desarrolladores masculinos, las mujeres no tendemos a tener una opinión muy buena de nuestras capacidades e inteligencia. Entonces, nos cuestionamos más de una vez al tomar riesgos, antes de avanzar en algo que “supuestamente no es para nosotras”.

Por todo esto creo que si queremos ver más mujeres interesadas en ciencias de la computación deberíamos dejar de decirles cómo comportarse de “manera adecuada” y estigmatizar ciertas profesiones como “actividades de señorita”, además de hacerles saber que pueden ser tan capaces e inteligentes como deseen en cualquier cosa que elijan hacer.

  • Dejar de creer en estereotipos creados por la cultura pop y empresas que nos lavan la cabeza.
  • Distribuir y conseguir información sobre la oferta de carreras relacionadas a ciencias de la computación y no solo preguntarle a desarrolladores hombres sobre su experiencia en este campo.
  • Escuchar a otras mujeres como incentivo potente para que otras chicas sigan sus pasos.
  • Contactar a adolescentes y jóvenes que estén por terminar sus estudios secundarios para informarles sobre la naturaleza de nuestro trabajo y promover que puedan considerarlo como una opción.

Como todo lo alcanzado por mujeres en la historia, podemos hacer que esto suceda si nos dejan tomar el protagonismo y ocupar los lugares que nos merecemos.